Otro año más en crisis

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Por MaHe

9 de enero 2019

Otro año más en crisis

¡Feliz año a todes! El 2018 fue otro año de locura, en todos los sentidos. Levantarse el 31 de diciembre y ver que el kilo de papa amaneció en 3.000 BsS en Caracas no estuvo fácil. Contando que el sueldo mínimo está en 4.500 BsS.

¿De dónde se supone que debemos sacar el dinero para costearnos una alimentación digna? ¿Cuánto dinero vamos a necesitar este 2019 para hacer un mercado?

Ni siquiera me quiero imaginar la presión de las familias con niñxs pequeñxs, con adultxs mayorxs. Aunque vivir sola y costearse la vida de una misma tampoco ya es tan fácil. Los alquileres se cobran en dólares o en pesos colombianos. ¿Y la gente que trabaja pero no les pagan en dólares o en pesos colombianos?

El 2018 también fue otro año de promesas incumplidas por parte del gobierno nacional y del presidente. Y sí, hay unas restricciones en cuanto a la importación de muchas cosas. Sí, existe una movida internacional que congela las cuentas del gobierno en el extranjero. Pero, ¿la papa, la zanahoria y la yuca son importadas?

¿Quienes son lxs que tienen el poder de enfrentar la locura de los precios en lo que no es importado? Lxs ciudadanxs de a pie no podemos. El gobierno debe hacerlo, no porque es su “deber”, ya sabemos que el Estado no fue creado para eso pero son los únicos que tienen el poder real para hacerle frente a esto. No lo hacen, no lo han hecho y por los vientos que soplan, no lo harán.

El día de la Independencia nacional (5 de julio del 2018), yo fui con una amiga al desfile civico-militar en Los Próceres, Caracas. Ahí estuvo Maduro junto a su gabinete militar, de Estado y de gobierno. En el discurso Maduro dijo, es más, él prometió que iba a “arreglar” los problemas más graves de la crisis. Esta promesa la ha hecho antes. Al día de esta publicación solo hemos visto las cosas ir de mal en peor. Por esta razón junta a muchas otras más, he dejado de creer en estas promesas. Van 6 años de promesas incumplidas, ya no se puede excusar más la ineficiencia o falta de interés (o ambos) del gobierno. Es demasiado evidente que no hay un claro interés de que las condiciones de vida mejoren.

Chávez había logrado recuperar mi fe en él, en su proyecto de país y en su forma de hacer política. No solamente lo hizo conmigo sino con millones de Venezolanxs y por eso fue la persona y el presidente que fue. A los 6 años de su muerte, muchxs hemos venido dejando de creer y de apostarle a un proyecto de país que dice ser el mismo de Chávez mientras se ocupa en destruir todo lo que Chávez dejó.

Hablando mucho, de manera profunda con muchas de estas personas cansadas de lo mismo, he notado algo que tenemos en común. El PSUV* y su gente más fanática nos dicen débiles, consumistas, radicales, escuálidxs (opositorxs), traidorxs, críticxs sin sentido, entre otras cosas más. Y pues sí, no tenemos que tenerle miedo a esto. Al final, aquí todo el mundo realmente se conoce y sabemos quienes somos dentro del mundo de la militancia política. El desprestigio al descontento es la respuesta de aquellxs que siguen aferradxs a las promesas de Maduro y su gobierno.

El 2018 tampoco se salvó del desplazamiento forzoso de miles de Venezolanxs, en su mayoría jóvenes. Yo he decidio clasificarlo de desplazamiento forzoso porque si te detienes a estudiar las circunstancias en la que vivimos y las circunstancias en las que queremos vivir, nos quedan dos opciones: 1) Irnos a cualquier otro país donde podamos entrar sin tanta Visa para probar “suerte”. 2) Quedarse en la carrera de la sobrevivencia en la que se ha convertido “vivir” aquí.

Por donde lo veas, ninguna opción es fácil. Menos si tienes hijxs pequeñxs a quienes garantizarle comida y bienestar, si tienes a familiares atravesando enfermedades que no se pueden tratar aquí. Ser migrante en cualquier país no es fácil, lo sabemos quienes hemos sido migrantes.

Es imposible ignorar los relatos propios y de las personas con las que nos cruzamos. Algunos ejemplos son: “mi abuela se fue a Chile con su hija a tratarse el cáncer porque no se consiguen las medicinas”, “mis hermanas están en las minas Brasileras como prostitutas para mandarle dinero a sus hijxs”, “la quincena de mi salario no me alcanza para la comida de 15 días”, “viajando en un autobús, lo atracaron y me robaron todo”, “llevo 2 años esperando que impriman mi pasaporte”, “me compré un terreno pero no tengo el dinero para construir mi casa”, “sacarse un pasaporte por los caminos verdes* cuesta $1,000″, “los antiretrovirales no cubren la demanda de pacientes sero +”, “el banco me cobró un monto de más y 1 semana después no me ha devuelto el dinero”, “me robaron el carro, denuncié y me dijeron que no hay nada que se pueda hacer”, “llevo 6 meses esperando mis notas del liceo en la zona educativa”, “llevo 3 semanas sin agua”…..

Agréguenle a estas historias que el sistema de transporte público es pésimo en todo el país, que el servicio de agua, telefonía, internet y electricidad son deficientes, que si tienes un teléfono inteligente en la calle no puedes sacarlo tranquilamente, que salir del país incluye un super mega producción económica y legal, que ya ni tener dinero en moneda extranjera te resuelve tanto como antes.

No escribo desde la rabia ni desde el “hacerle el juego a la derecha”. Escribo desde el lugar en que cada ciudadanx del mundo se pone al momento de colocar su voto en la caja. Desde ese lugar en donde elegimos creer, aunque sea por 1 segundo, en que un mínimo de promesas se van a cumplir. Un mínimo que permita seguir en el mismo nivel de calidad de vida o mejor. Ya no es el mismo país que Chávez dejó, no lo ha sido desde el año 2014 y francamente, con mucho dolor, no pienso que irá a cambiar este 2019.

Siempre espero que pase algo que me sorprenda y que me tenga que retractar de lo que acabo de escribir. Veamos que sucede.

*PSUV = Partido Socialista Unido de Venezuela

*caminos verdes = se usa esta expresión en Venezuela para referirse a transacciones o trámites gubernamentales que una persona hace por fuera de los canales regulares mediante un gestor al que le paga.

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